Seguramente una de tus mayores frustraciones consiste en no poder amar como supones que deberías hacerlo. No sabes que el amor es como una fuente, que llena primero tu corazón y, solo si se desborda, puede algún día regar y hacer florecer lo que a su paso encuentra. Es posible que tú no seas libre para amar, porque tal vez tu interior esté poblado de: miedos, juicios, resentimientos, culpabilidad, apegos y expectativas no realizadas. Siendo así, no tienes espacio para albergar amor. Tus conflictos interiores, sin resolver, son las capas exteriores de roca, que tendrás que remover antes de poder encontrar la veta que contiene el oro.
Todas las búsquedas emprendidas por el hombre convergen en una sola: encontrar el amor. Sin embargo no existe nada más esquivo. Todos quieren disfrutar del río en su desembocadura, cuando su corriente parece más exuberante; pero pocos cuidan del entorno de las cabeceras, que es donde las aguas nacen. Así mismo, muchos anhelan gozar del amor, pero son pocos los seres enfocados interiormente en amarse y aceptarse a sí mismos, aún cuando es allí donde el manantial del amor brota y comienza a fluir. Si esa fuente interna se agotara, quienes deseen beber de ella se quedarán sedientos.
Los mayores obstáculos para poder amar son los miedos, que consideramos nuestra sombra. Además de ellos, en cada ser hay aspectos débiles de la personalidad, que, cuando emergen, pavimentan el camino de disgustos y contrariedades. Muchos escogen ocultar su lado oscuro, pero entonces se acumulará la energía, y en la primera ocasión hará erupción en forma aún más agresiva y purulenta. Si deseamos abrirnos al amor y crecer, debemos hacer justamente lo contrario: hacer conscientes nuestras deficiencias, aceptarlas y comprender su naturaleza. Luego, con paciencia podemos adiestrarnos en practicar la cualidad opuesta.
Ese mismo trabajo que hacemos con nosotros mismos nos sirve para establecer conexiones maduras y gratificantes con nuestros semejantes. De todas las relaciones la más bella y la que más dificultades trae es el vínculo entre un hombre y una mujer. Vivir en pareja es crecer juntos, y al mismo tiempo poder desarrollarse, tanto individualmente, como a través del otro. Si deseamos que una relación conyugal pueda mantenerse sobre bases sólidas, debemos alimentar sus raíces otorgando múltiples oportunidades de crecer. Esta actitud generosa del espíritu es la que garantiza el intercambio dinámico de amor y de placer, y regala la plenitud de la unidad perfecta.
En cambio, cuando el compañero se ha convertido en un lastre para el desarrollo personal y mutuo, puede decirse que el vínculo conyugal ha muerto, y que debe ser disuelto. Hagámonos conscientes de que los matrimonios no se acaban por incompatibilidades, ni por odio, ni por crueldad mental, ni siquiera por la intromisión de un tercero en discordia. La gente se divorcia cuando la unión no provee al ser humano del marco adecuado para sustentar su crecimiento.
Las personas inmaduras tienden al hábito de echar la culpa al otro cuando las cosas salen mal. Incriminar al compañero en esa forma equivale a derramar veneno, y a consolidad un círculo vicioso de dolor y fricciones. La mejor forma de diluir los desacuerdos es confrontando los hechos. Antes de llegar a conclusiones se debe explorar, aceptar y comprender las causas del conflicto. Luego se hace el ritual de un pacto, que debe respetarse rigurosamente.
La felicidad conyugal depende exclusivamente de la forma como el hombre y la mujer han aprendido a relacionarse. ¿Son conscientes de la relación directa que existe, entre el gusto de compartir, y su crecimiento interno? ¿Usan las dificultades, inevitables de su relación, como espejo para reconocer sus fallas? ¿Se comunican en forma profunda, revelando la verdad y compartiendo sus intimidades? ¿Se apoyan y se ayudan mutuamente? Si la respuesta es NO, la relación está bloqueada, es destructiva y seguramente va camino del divorcio. Si es afirmativa, significa que el amor de esta pareja fluye, porque su disposición humana favorece el desarrollo del ser y la expansión hacia el espíritu.
sábado, 26 de febrero de 2011
Somos Receptores
Según enseña la sabiduría antigua: el universo es un mar de pensamientos, y la mente humana nada más que un aparato receptor, apto para captar esas señales electromagnéticas. Cada ser pensante está conectado a la misma red universal, pero la afinación personal es la que define qué longitud de onda puede sintonizar un individuo. Esa comunicación, entre los seres que hacen parte del mismo universo, funciona como una autopista de doble vía: en un sentido, las jerarquías superiores de sabiduría universal dan ayuda a los menos evolucionados; y en el otro, los seres en proceso de aprendizaje piden lo que desean y reciben lo que necesitan.
Si los intereses de un individuo están enraizados en su parte instintiva, (alimentación, reproducción) es claro que los pensamientos, que sostiene, apoyan sus actividades de depredador; y por ello, de la mente universal atraerá ondas de baja frecuencia, apropiadas para reciclar conflictos. Pero, en la medida en que el ser humano aprende con la experiencia, hay más comprensión de los procesos de la vida y el pensamiento se afina, acogiendo formas mentales más positivas, cuya cosecha es: armonía y coherencia.
Llamamos “Ascensión” al proceso del desarrollo de la conciencia, que paulatinamente nos lleva a cancelar los pensamientos hostiles, e irlos reemplazando por otros más amorosos. Esta etapa culmina cuando todos los pensamientos de un hombre tienen como fuente el amor, y el individuo ha rendido la totalidad de su naturaleza humana a la orientación interior que recibe de sus guías. A este ser se le llama “iluminado”, porque todo lo conoce.
Hay reciprocidad entre los pensamientos que emitimos, y las respuestas que obtenemos. Muchas veces ocurre que dos personas, que vibran con los mismos intereses, atraen iguales resultados. Por eso se presentan casos de científicos que trabajan aisladamente, y que simultáneamente hacen los mismos descubrimientos, sin que ninguno de ellos haya copiado, o considerado copiar a sus colegas.
Los hombres recibimos mucha asistencia de los reinos espirituales. La ayuda nos llega en forma de pensamientos muy puntuales, que nos sacan del estancamiento, nos aportan comprensión de una situación, o nos dan inspiración para completar una tarea. Ese apoyo, inconspicuo y desinteresado, es muy efectivo; pero raramente es valorado por quienes permanecen imbuidos en la creencia de que ellos mismos engendran sus propios pensamientos.
Cuando estamos conscientes de nuestra función, de receptores del pensamiento universal, podemos aprender a pescar allí tesoros que nos enriquezcan. El señuelo son: frases de gratitud, o bendiciones. Igualmente apropiadas son las llamadas “negaciones y afirmaciones”, que inducen a la transformación individual. Esta es la forma de afinar la frecuencia, para atrapar niveles más elevados de pensamiento.
La transformación, mediante “negaciones y afirmaciones”, opera en la siguiente forma: con la negación borramos la información anterior inconveniente; y con la afirmación fijamos en el inconsciente una nueva impronta, con los valores opuestos. Además, al repetir conscientemente estas frases, estamos expresando una aspiración de perfección, a la que el universo invariablemente responde.
Toda negación debe comenzar con las palabras: “Yo no soy”, y cada afirmación con “Yo soy”. En esta forma establecemos que estamos actuando desde el Ser, o chispa divina en nosotros. Por ejemplo: si tu problema es la impaciencia, repites: “Yo no soy impaciente, y no acepto la impaciencia en mí. Yo soy la perfecta paciencia, aquí y ahora y en todas las situaciones de mi vida”.
A nivel colectivo, la suma total, de los pensamientos de los hombres, da la frecuencia que define el destino del planeta y qué tipo de experiencias nos corresponden: como país, ciudad, o grupo socio-económico. Si predominan los pensamientos de odio y deseos de venganza, habrá: guerras, catástrofes, sequías, inundaciones, tornados, terremotos, enfermedades, infelicidad, y además atraeremos gobernantes incapaces y corruptos. Y si nos centramos en emitir pensamientos de amor, estaremos creando: paz, armonía, abundancia, felicidad, salud y, además, nos corresponde una clase dirigente enfocada en el servicio. Existe un orden universal, donde, por ley de correspondencia, ¡cada uno tiene lo que se merece!
Si los intereses de un individuo están enraizados en su parte instintiva, (alimentación, reproducción) es claro que los pensamientos, que sostiene, apoyan sus actividades de depredador; y por ello, de la mente universal atraerá ondas de baja frecuencia, apropiadas para reciclar conflictos. Pero, en la medida en que el ser humano aprende con la experiencia, hay más comprensión de los procesos de la vida y el pensamiento se afina, acogiendo formas mentales más positivas, cuya cosecha es: armonía y coherencia.
Llamamos “Ascensión” al proceso del desarrollo de la conciencia, que paulatinamente nos lleva a cancelar los pensamientos hostiles, e irlos reemplazando por otros más amorosos. Esta etapa culmina cuando todos los pensamientos de un hombre tienen como fuente el amor, y el individuo ha rendido la totalidad de su naturaleza humana a la orientación interior que recibe de sus guías. A este ser se le llama “iluminado”, porque todo lo conoce.
Hay reciprocidad entre los pensamientos que emitimos, y las respuestas que obtenemos. Muchas veces ocurre que dos personas, que vibran con los mismos intereses, atraen iguales resultados. Por eso se presentan casos de científicos que trabajan aisladamente, y que simultáneamente hacen los mismos descubrimientos, sin que ninguno de ellos haya copiado, o considerado copiar a sus colegas.
Los hombres recibimos mucha asistencia de los reinos espirituales. La ayuda nos llega en forma de pensamientos muy puntuales, que nos sacan del estancamiento, nos aportan comprensión de una situación, o nos dan inspiración para completar una tarea. Ese apoyo, inconspicuo y desinteresado, es muy efectivo; pero raramente es valorado por quienes permanecen imbuidos en la creencia de que ellos mismos engendran sus propios pensamientos.
Cuando estamos conscientes de nuestra función, de receptores del pensamiento universal, podemos aprender a pescar allí tesoros que nos enriquezcan. El señuelo son: frases de gratitud, o bendiciones. Igualmente apropiadas son las llamadas “negaciones y afirmaciones”, que inducen a la transformación individual. Esta es la forma de afinar la frecuencia, para atrapar niveles más elevados de pensamiento.
La transformación, mediante “negaciones y afirmaciones”, opera en la siguiente forma: con la negación borramos la información anterior inconveniente; y con la afirmación fijamos en el inconsciente una nueva impronta, con los valores opuestos. Además, al repetir conscientemente estas frases, estamos expresando una aspiración de perfección, a la que el universo invariablemente responde.
Toda negación debe comenzar con las palabras: “Yo no soy”, y cada afirmación con “Yo soy”. En esta forma establecemos que estamos actuando desde el Ser, o chispa divina en nosotros. Por ejemplo: si tu problema es la impaciencia, repites: “Yo no soy impaciente, y no acepto la impaciencia en mí. Yo soy la perfecta paciencia, aquí y ahora y en todas las situaciones de mi vida”.
A nivel colectivo, la suma total, de los pensamientos de los hombres, da la frecuencia que define el destino del planeta y qué tipo de experiencias nos corresponden: como país, ciudad, o grupo socio-económico. Si predominan los pensamientos de odio y deseos de venganza, habrá: guerras, catástrofes, sequías, inundaciones, tornados, terremotos, enfermedades, infelicidad, y además atraeremos gobernantes incapaces y corruptos. Y si nos centramos en emitir pensamientos de amor, estaremos creando: paz, armonía, abundancia, felicidad, salud y, además, nos corresponde una clase dirigente enfocada en el servicio. Existe un orden universal, donde, por ley de correspondencia, ¡cada uno tiene lo que se merece!
El Fenómeno de la Sincronía
La vida nos indica por donde debemos ir, y lo hace por medio de una serie de coincidencias que nos suceden a diario. Por lo regular estas coincidencias, o sincronías, se presentan conectadas en una forma tan significativa, que desafían todos los cálculos basados en probabilidades. La única forma de llegar a comprender este fenómeno es partiendo del concepto de “la unidad de todo lo creado”. Todos somos uno, porque Uno solo es el espíritu que anima la vida a través de sus múltiples creaciones. Este concepto de unidad está también apoyado por el postulado más revolucionario de la física cuántica, que se refiere a la interdependencia que, comprobaron que existe, entre el observador y lo observado.
El psicólogo Carl Jung estuvo muy interesado en estudiar este “fenómeno de la sincronía”, y recopiló un archivo con cientos de historias sorprendentes, sucedidas a sus pacientes. Entre ellas relata el caso de una mujer que se encontraba en medio de una crisis muy aguda. Estando en consulta, mientras ella le contaba un sueño que había tenido la noche anterior, donde alguien le había regalado un escarabajo dorado, ocurrió un golpeteo en la ventana. Jung se dirigió hacia allí y la abrió. Logró atrapar en sus manos a un insecto que acababa de introducirse. Al mirarlo se dio cuenta de que era precisamente un escarabajo dorado igual al del sueño, perteneciente a una especie tan rara, que él jamás había visto otro igual. Nunca ocurren las cosas por accidente, todos los detalles que se introducen en nuestra realidad son el resultado de nuestros merecimientos, en función de la ley de “Causa y efecto” y la ley de la “Correspondencia”, y llegan a nuestra vida con un propósito. Las coincidencias no existen, en realidad deberíamos llamarlas Diosidencias, porque no se trata de casualidades, sino de causalidades. Por medio de pequeños detalles coincidentes, Dios te deja saber si vas por el camino correcto. Los eventos sincrónicos actúan como un simple lenguaje binario que responde: “sí” o “no”.
Si deseas saber si el universo te apoya para desarrollar un proyecto, da el primer paso hacia manifestar tu sueño. Tu acción inicial hace las veces de pregunta. Ahora observa y espera. Si comienzan a suceder una serie de sincronías que te facilitan la realización de lo que te propones, sigue adelante con toda confianza. Si por el contrario, aparecen obstáculos, uno tras otro, sería recomendable que esperaras tiempos más favorables.
Para ampliar tu comprensión y desarrollar la conciencia, es útil que te empeñes en la tarea diaria de observar con atención las secuencias de aparentes coincidencias que ocurran en tu vida. No olvides que la sincronía es el sistema de señalización que usa el universo para indicarte cual es rumbo que debes tomar. Nunca digas “no” de entrada a un ofrecimiento, nunca rechaces algo que te llega inesperadamente, porque puede tratarse del regalo perfecto que cambiará tu vida.
El psicólogo Carl Jung estuvo muy interesado en estudiar este “fenómeno de la sincronía”, y recopiló un archivo con cientos de historias sorprendentes, sucedidas a sus pacientes. Entre ellas relata el caso de una mujer que se encontraba en medio de una crisis muy aguda. Estando en consulta, mientras ella le contaba un sueño que había tenido la noche anterior, donde alguien le había regalado un escarabajo dorado, ocurrió un golpeteo en la ventana. Jung se dirigió hacia allí y la abrió. Logró atrapar en sus manos a un insecto que acababa de introducirse. Al mirarlo se dio cuenta de que era precisamente un escarabajo dorado igual al del sueño, perteneciente a una especie tan rara, que él jamás había visto otro igual. Nunca ocurren las cosas por accidente, todos los detalles que se introducen en nuestra realidad son el resultado de nuestros merecimientos, en función de la ley de “Causa y efecto” y la ley de la “Correspondencia”, y llegan a nuestra vida con un propósito. Las coincidencias no existen, en realidad deberíamos llamarlas Diosidencias, porque no se trata de casualidades, sino de causalidades. Por medio de pequeños detalles coincidentes, Dios te deja saber si vas por el camino correcto. Los eventos sincrónicos actúan como un simple lenguaje binario que responde: “sí” o “no”.
Si deseas saber si el universo te apoya para desarrollar un proyecto, da el primer paso hacia manifestar tu sueño. Tu acción inicial hace las veces de pregunta. Ahora observa y espera. Si comienzan a suceder una serie de sincronías que te facilitan la realización de lo que te propones, sigue adelante con toda confianza. Si por el contrario, aparecen obstáculos, uno tras otro, sería recomendable que esperaras tiempos más favorables.
Para ampliar tu comprensión y desarrollar la conciencia, es útil que te empeñes en la tarea diaria de observar con atención las secuencias de aparentes coincidencias que ocurran en tu vida. No olvides que la sincronía es el sistema de señalización que usa el universo para indicarte cual es rumbo que debes tomar. Nunca digas “no” de entrada a un ofrecimiento, nunca rechaces algo que te llega inesperadamente, porque puede tratarse del regalo perfecto que cambiará tu vida.
El Lugar que te Corresponde
Ahí donde estás es tu lugar perfecto, es el sitio que has generado por correspondencia con tus pensamientos, sentimientos, palabras y acciones. Dios no tiene la culpa si tu vida es miserable, si estás enfermo, sufres, o careces hasta del mínimo para alimentar la vida. Tampoco te sirve de nada lamentarte, luchar para cambiar las cosas, o rezar de rodillas tus consabidas letanías del “dame, dame, dame”. ¡Dios no te escucha! peor. Debes comenzar reconociendo cuáles son los pensamientos, acciones y palabras que te han traído consecuencias tan funestas. Justo en ese punto tienes una lección por aprender, y mucho que transformar en ti mismo.
Si eres de los que se niega a servir y solo sabes quejarte, si solo consignas mezquindad y avaricia, ¿cómo puedes esperar que el banco de la vida te respalde con superlativa abundancia? Si tu conexión con el mundo es de rechazo; si tu disposición es la de buscar fallas en todo y luchar para cambiar las cosas ¿cómo puede tu cuerpo manifestar armonía y salud perfecta? ¿En qué punto se halla tu autovaloración?, ¿crees que eres merecedor de aquello que deseas? ¡Si te consideras lo ”peor de lo peor”, tú mismo te conviertes en el mayor obstáculo para lograr un triunfo! ¿Dónde marca tu termómetro de la gratitud? Si no valoras y agradeces lo que tienes, ¿Cómo esperas que te den más? Si nunca consideras suficiente lo que recibes y siempre quieres más, te arriesgas a que te lo quiten todo, para que aprendas a valorar lo que perdiste.
En todos los planos se aplican las mismas leyes: adquieres derechos según sean las habilidades que desarrolles, el manejo que des a tus recursos, y el grado de compromiso que estés dispuesto a asumir en tus tareas. La prosperidad, la salud y las buenas relaciones son los frutos que produce tu parcela, cuando has sido cuidadoso en el proceso de la siembra. No es posible obtener esas mismas dádivas rezando, y pierdes tu tiempo si esperas que algún día, sin hacer tu trabajo, la buena suerte te conceda lo que tu mano no labró.
Tu realidad presente no puede ser modificada. No es posible sembrar maleza y recoger naranjas, porque hay leyes de la naturaleza que lo impiden. Puedes rechazar la pequeña porción que te ha tocado, y pelear y luchar para alcanzar más beneficios. Pero eso no te conduce sino a incrementar el sufrimiento.
Sabiduría es poder precisar lo que necesitas cambiar ahora, para que tu futuro ofrezca horizontes despejados y no limitaciones. Tus maniobras de cambio comienzan en el nivel sutil de pensamientos y actitudes. No se trata de hacer lo que te gusta, sino de hacer que te guste lo que haces. La solución a tus problemas no la hallarás en cambiar el marco de lo externo, sino en afinar lo interno, para dar lo mejor de ti mismo en cada instante.
Si deseas recibir más, necesitas abrir tu corazón para dar más. Ese “dar más” no significa repartir cosas materiales, pues a nivel físico solo te corresponde ayudar a aquellos que están a tu cuidado, bien sea por lazos familiares, o laborales. Hay muchos más seres necesitados, pero algunos de ellos todavía deben aprender su lección en la escasez, y no debes ser tú quien lo impida. ¡Dar más, sí!, pero de otra provisión que hay en ti, que es más preciosa que el dinero. Tienes un capital, que puede llegar a ser inagotable si lo usas, pero si lo dejas quieto se extingue. Multiplícalo entonces sin reservas brindando: amor, comprensión, paciencia, gratitud, aceptación y respeto a todos los que te rodean. Las leyes universales son sencillas: solo te piden que sonrías, para que te devuelvan las sonrisas.
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